
En Gràcia, una reforma integral de 75 m² construidos y 130 m² de terrazas parte de un imaginario mediterráneo amplio —Menorca, Mallorca, Grecia— que el equipo aterrizó en un lenguaje propio: piedra escultórica, fibras naturales y un contexto urbano muy de Barcelona, alejado de cualquier postal turística. Ningún material sintético entró en la casa.
Lo que distingue al proyecto es que cada pieza clave no se compró, se hizo, y en muchos casos los propietarios acompañaron el proceso de principio a fin. La mesa de comedor es una pieza única de madera maciza, seguida desde el árbol hasta la mesa junto al carpintero Masfuster. La piedra de la isla de cocina se eligió a dedo en una cantera de Manresa, con un acabado estriado tallado a mano. Y en los baños, la grifería y las duchas de tubería vista son obra de un artesano de Valencia especializado en cobre y latón envejecido.
Corona el conjunto una azotea con zona de estar entre lavanda y olivos, una fuente de azulejo verde y una sauna de madera con vistas a las torres de la Sagrada Família.



El resultado es un mediterráneo depurado y escultórico que da cabida, capa a capa, a piezas de autor, cerámica pintada a mano y el atelier propio de uno de sus propietarios, escultor. Conocer la procedencia de cada pieza formó parte, según cuentan desde el estudio, del propio placer de habitar la casa.


